
colección de cuentos escombristas
iris deseo y otros relatos
Deneck Inzunza Romero
estrialuz, méxico, 2004.
En la reedición electrónica dedico este cuento a mi máster amigo entrañable: Morís Esparza, paridor de El León de Cobre.
Deneck Inzunza.
EJÉRCITO
Me obnubilé… Hace siete meses estaba harto de la invasión de cucarachas en el departamento no obstante llevaba tres procesos complejos de fumigación. Mi mujer también. Pero ella mostraba de igual manera una postura contraria a la invasión de hormigas. Yo no consideraba peligrosas o insalubres a las hormigas. Al contrario. Un día que estaba en el baño maté de un pisotón con mis chanclas rotas una cucaracha que se quedó patas hacia arriba en el suelo esperando un momento más adecuado para ser depositada en el cesto de basura (que en realidad era una bolsa de supermercado que colgaba de una saliente de la barra de la cocina)… Unas pocas hormigas, al paso de unos minutos, habían rodeado el cuerpo aún con pataleos de la cucaracha y lentamente la arrastraban a su hormiguero en un agujero entre la pared y el techo descuidado del baño, arriba de la regadera. Supe esto porque de ahí provenía la larga hilera de hormigas que salieron atentas a un llamado de presencia de alimento. Al cabo de unos cuantos minutos más, las hormigas habían dejado ver su número impresionante y su rápido poder de convocatoria. Supe que ésa era la salida para el problema de las cucarachas desde un principio, pero fui perfeccionando la técnica a lo largo de los meses. Al cabo de cuatro semanas alimenté a ese ejército de hormigas con las cucarachas que mataba sobre todo en la cocina. A la quinta semana se habían reproducido considerablemente por efecto de la abundante comida que les daba.
Les di, primero, cucarachas muertas o moribundas, patas pa’rriba, las que morían víctimas de un apachurrón o las que quedaban a medio morir por consecuencia de las formas regulares de la suela de mis chanclas rotas, las cuales dejaban espacios entre la plaga y el piso al momento de un ataque. Después, con pericia que raya en lo obseso, cacé cucarachas y las hacía quedar patas pa’rriba, pero sin contusiones mortales para medir qué tan aguerridas eran las hormigas. Éstas inmovilizaban a su víctima y se la llevaban, después de un aviso que convocaba numerosamente, a su hormiguero. Fui dejando, a lo largo del segundo mes, cucarachas moribundas o patas pa’rriba en puntos estratégicos que iban alejando a las hormigas de su guarida, pero que las iban acercando, al mismo tiempo, a la cocina, donde había que cazar una numerosa plaga que les daría de comer hasta el hastío. Durante este proceso, las hormigas se reproducían impresionantemente gracias a la abundancia de alimento, pero, al mismo tiempo, les iba poniendo pruebas de su poder de caza conforme pasaban los días y la comida se alejaba de su hormiguero para acercarse a la cocina, donde estaba el festín. Las hormigas eran entrenadas con dedicación y parecía ser que en un tiempo estarían listas para librar la batalla por su alimento en abundancia.
Mientras seguía este entrenamiento, durante el segundo y tercer mes coloqué trampas que consistían en vasos con restos de refresco, yogurt, leche, miel y cuanto alimento me encontraba para hacer que las hormigas entraran en su interior y así poder transportarlas a la cocina, donde, como primer acto, corrían asustadas y se escondían, pero que, al paso de los días, salían a recorrer e inspeccionar su nuevo hábitat. Así lo hice casi dos meses y no puedo cuantificar el número de hormigas que transporté de esa manera rápida a la cocina. Se establecieron tres reinos ahí y, por ausencia de alimento, esperé que las hormigas del baño emigraran a la cocina, camino que me había esmerado en mostrarles y donde estaban sus compañeras desaparecidas anteriormente aprendiendo a cazar a las cucarachas en plena acción, sin heridas mortales ni posturas patas pa’rriba. Mi mujer estaba harta de mí porque no vivía para otra cosa que no fuera entrenar hormigas para cazar cucarachas… Al menos estaba harta al segundo mes, al tercero estaba desesperada y después no sé que pasó, sólo me di cuenta que se fue y me abandonó, según ella, en una fecha que indicaba que estuve una semana completa sin percibir su ausencia, no sé, pero el caso es que me abandonó sin razón. Yo sólo quería librarla de la plaga de cucarachas, situación que ella no entendió. Cuando su abogado me visitó un día, y los representantes de la empresa para la que yo trabajaba me visitaron otro, me encontraba en plena maniobra planificada de trasportar hormigas del baño a la cocina, por lo que tuve que pedirles que se marcharan porque estaba ocupado… Perdí el juicio de divorcio aunque gané que no me estuvieran molestando, y me quedé sin trabajo, aunque es un decir, porque en casa tenía mucho, pero sin sueldo y prestaciones. Durante el cuarto y quinto mes ya había conseguido que la cocina estuviera plagada de hormigas, y había logrado que éstas perfeccionaran sus técnicas de caza.
Durante este periodo, del cuarto mes al quinto, comprobé que las cucarachas no comían hormigas (punto a mi favor… Perdón, a nuestro favor…). Cuando vino la unificación de los reinos de la cocina (sin que se presentara una pérdida de autonomía), pude apreciar que las hormigas que yo entrenaba le ganaban definitivamente la batalla a las cucarachas jóvenes en lucha cuerpo a cuerpo (las cucarachas pequeñas tienen un volumen similar al de las hormigas negras que yo entrenaba), pero en las luchas planeadas donde varias hormigas cazaban una cucaracha mayor también tuvo éxito mi entrenamiento exhaustivo. Pronto quedó exterminada la población joven de cucarachas y las hormigas avanzaban a los rincones donde estaban los huevos que las cucarachas depositaban al reproducirse… Los comieron sin miramientos y continuaron haciéndolo, razón por la cual las cucarachas estaban condenadas…
Al sexto mes pude ver que la población de cucarachas ya no crecía, y pude comprobar cómo la población de hormigas se multiplicaba exponencialmente como resultado de mi entrenamiento en la consecución de alimento en exceso. Lo primero que vi y me impresionó en cuanto al número de hormigas que acudían a un llamado de presencia de alimento el primer día, se había vuelto risible en seis meses. Las hormigas ya lo controlaban todo, había diecisiete reinos en la cocina, tres en el baño y otros veinticinco en el resto del departamento…
Lo invadieron todo, hasta mi recámara. Puedo asegurar que cerca del séptimo mes ya no había cucarachas, era imposible que hubiera una miserable cucaracha, así que comenzó la temporada de hambruna para las hormigas, las cuales empezaron a acabar con todo lo que había en los desperdicios de la comida rápida que pedía por teléfono, después ya no había cables de teléfono, ni cables de la computadora, ni de la televisión o las videograbadoras… Casi por cumplir el séptimo mes completo me quedé sin energía eléctrica porque hubo un corto circuito ocasionado por el consumo de los plásticos que aíslan los cables de la instalación. Las hormigas habían terminado con la plaga de cucarachas… y con todo lo demás. También, casi por cumplir el séptimo mes completo, me quedé sin dinero (y fue providencial que la liquidación que me dieron en el trabajo me durara tanto)… Ellas me habían respetado todo este tiempo, sin embargo, una noche me desperté espantado y cubierto de hormigas, fui corriendo al baño, abrí la regadera y me duché, primero con hormigas despedazadas que salían expulsadas a presión por los orificios de la regadera y después con el agua que venía contaminada de hormigas muertas.Estoy sin dinero pero sin cucarachas, con un ejército de hormigas entrenadas que pueden vencer cualquier plaga de insectos, en un país que defiende la libre empresa, en un mundo absurdo, pero con una población que no comprende ni la libre empresa ni lo absurdo, por lo que nadie me ha llamado a pesar de mis anuncios en las revistas y la sección amarilla: “EXTINGO PLAGAS CON UN EJÉRCITO DE HORMIGAS”… Tengo hambre, como hormigas y no creo que me dure mucho mi ejército… o que yo le dure mucho a éste si me llego a descuidar.
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Diseño de portada: Miguel Jasso - Inzunza.


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